Precario espacio-tiempo

por Pablo Batalla Cueto

Mi amigo Javier Cayado participó el otro día en una sestaferia. La sestaferia es un trabajo comunal que es milenaria tradición efectuar en los pueblos asturianos una vez al año, con el fin fundamental de limpiar y adecentar los caminos; apenas si se hace ya, pero algunas aldeas lo conservan todavía. Rales, el pueblo de mi amigo —un apacible caserío colgado entre bosques de las escarpaduras que flanquean el meridión del concejo de Villaviciosa como un balcón sobre la costa cantábrica—, es una de ellas. Y decía mi amigo medio en broma, al día siguiente, que había estado tentado de tuitear la sestaferia en tiempo real con su teléfono móvil, pero que finalmente no lo había hecho por el temor de que tuitear una sestaferia pudiese suponer desgarrar el continuo espacio-tiempo.

El mundo moderno tiene estas paradojas, estos extraños casamientos de lo inmemorial con lo efímero, estos curiosos arcaísmos nadando como celacantos en los océanos de la posmodernidad, y no todo el mundo observa el mismo escrúpulo que mi amigo. No lo han tenido, desde luego, los perpetradores de este BOE de hechuras medievales, servido a través de la Red en un cómodo archivo PDF con tipografía Arial y tamaño regulable: «De conformidad con lo establecido en el artículo 63.1 de la Constitución, a propuesta de la Presidenta del Gobierno en funciones, en la reunión del Consejo de Ministros de día 15 de marzo de 2013, vengo en designar a Su Alteza Real don Felipe, Príncipe de Asturias, para que represente a España en la Misa Solemne de Inicio del Ministerio como Pastor Supremo de la Iglesia Universal de Su Santidad Francisco, que tendrá lugar el día 19 de marzo de 2013.» Firma Soraya Sáenz de Santamaría.

En algunos islotes de la Melanesia, hoy todavía, los miembros de tribus prehistóricas que los habitan construyen rudimentarias pistas de aterrizaje con hojas de palmera, sobre las que mas tarde desfilan agarrando toscos rifles de bambú. Tallan radares de madera, se pintan las siglas «USA» en el pecho y se visten con prendas parecidas a las occidentales que ellos mismos tejen utilizando materiales locales. Todo ello es parte de un complejo ritual, destinado a solicitar los parabienes de sus dioses: los pilotos norteamericanos que, durante la segunda guerra mundial, aterrizaban en aquellas islas en aviones repletos de víveres y bienes industriales. En Los pasos perdidos hay un pasaje en el que Alejo Carpentier reflexiona con la singular maestría barroquizante que le era característica sobre estos desarreglos espaciotemporales, en el momento de la novela en el que un avión sobrevuela la aldea del remoto recoveco de la selva amazónica en la que se desarrolla la novela.

Me pregunto que diría Carpentier de nuestro BOE.

Anuncios