Es la Ostalgie, cosmopaleto

por Pablo Batalla Cueto

Me gusta Cuéntame. Sigo la serie desde la primera temporada y no sólo me gusta, sino que la tengo por extraordinariamente buena. Vivo en Hispanistán, claro. En los países subdesarrollados, y éste lo es sin ninguna duda, es costumbre inveterada desollarse las palmas de las manos aplaudiendo a rabiar a cualquier cantamañanas que pronuncie mal las erres, tanto como lo es hacer mofa y befa de cualquier paquete facturado en España antes siquiera de desenvolverlo para averiguar de qué se trata. Nadie es profeta en su tierra, pero en ésta los profetas patrios tienen una mala reputación especial. Uno se pregunta cuántos tontos del pueblo de este país no habrán sido en realidad hombres sabios incomprendidos por sus paisanos lanzadores de cabra. A Cuéntame, muchos hispanistanís la tienen por una cosa risible y cañí, y algunos otros —algunos de esos auténticos tontos del pueblo que gustan de hacerse pasar por intelectuales poniéndose unas gafas y practicando la caída de párpados y el sentamiento de cátedra, abundan como las moscas y son los peores— han dicho de la serie que hacía buena aquella máxima de Jaime Mayor Oreja de que en el franquismo se vivía una extraordinaria placidez. Mis amigos los asturtzales reservan para esta clase de apedreadores de lo propio un adjetivo que a mí me gusta mucho aunque me lo apliquen a veces: cosmopaletos.

Estos cosmopaletos no han visto la serie: si lo hubieran hecho, recordarían por ejemplo haber visto a Toni y a Inés calentando las cárceles del franquismo, recibiendo los porrazos de sus torturadores y descubriendo más tarde con amargura cómo esos torturadores eran reciclados y reutilizados por la flamante democracia. O tal vez sí la hayan visto, pero sean esa clase de fanáticos a los que indigna escuchar que en todas las dictaduras que en el mundo han sido ha habido presos políticos tanto como ha habido familias que comían paella los domingos y novios que tocaban las tetas a sus novias en los bancos del parque, que ni aun los dictadores más salvajes de la historia fueron capaces jamás de abolir la vida cotidiana y que no tiene por qué ser malo que incluso del franquismo exista eso que los alemanes llaman Ostalgie y cuyo equivalente hispánico sería sentir añoranza del Seiscientos y de las canciones de Nino Bravo.

Sea como sea, el caso es que Cuéntame es una buena serie. Lo es por sus buenos actores, su buena documentación y sus buenos guiones y lo ha sido, con una regularidad que no conozco en ninguna otra serie española o extranjera, durante trece o catorce temporadas, por lo cual también es una serie extraordinaria. Por todo ello yo me alegro de haber crecido con ella, y en todo caso pienso que que Willy Toledo ladre es señal de que cabalgamos.

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