La leche y la lejía

por Pablo Batalla Cueto

Alguien dijo una vez que cuando el Sol de la cultura declina, incluso los enanos proyectan largas sombras, pero, ¿qué sucede cuando anochece definitivamente? Supongo que se invierten los términos; cuando todo es sombra, cualquier lucecilla es la Luz, y todos los insectos fotófagos corren a arremolinarse en torno a ella, desesperados. El testamento del Sol muerto reparte la herencia y el cargo entre millares de hijos, y, de pronto, cualquier tenue farolucho de cualquier callejuela se encuentra siendo el centro de un sistema solar en miniatura. Alguien dijo también que cuando se arrojan los oropeles de la monarquía a las cloacas, cualquier rata de cloaca acaba por hacerse con ellos. Me parece que era un periodista inglés y se refería a Hitler. Y también hubo otro que dijo que las grandes fortunas se amasan cuando los imperios se levantan y cuando los imperios caen. Y sí. También está aquél otro que dijo, que cantó en realidad, aquello otro de que la noche debilita los corazones.

O sea, de noche cualquier albañil de Jaén es el rey y cualquier rey es el Rey Sol.

Sabemos que la noche es amiga de las alimañas, refugio de licántropos, vampiros y violadores, pero no sabíamos esto otro. Tan iletrados somos que conocemos más o menos la primera acepción del diccionario de la palabra «noche»: «tiempo en que falta la claridad del día», pero no solemos tener ni idea de la segunda: «confusión, oscuridad o tristeza en cualquier línea». Nos cuidamos muy mucho de que no nos violen durante la noche astronómica, pero no de que no nos muerda un hombre lobo durante la noche política, verbigracia. Nuestros propios zumbidos nos impiden escuchar el sospechoso chisporroteo eléctrico del farolucho al que nos hemos arrimado a merendar fotones creyéndolo el mismo astro rey. ¡Alto es, y relucía!

Y entonces hacemos cosas como votar al Partido del Futuro. O incluso cosas como tomarnos en serio al Partido del Futuro. O a UPyD, que viene a ser lo mismo pero en magenta. O a cualquiera de los Cien Mil Hijos del 15M, que viene a ser lo mismo pero con rastas. O a cualquier otro populismo de colores. No sabemos que la indefinición izquierda/derecha y el transversalismo llevan décadas registrados en la oficina de patentes. Ni que un haz de cinco líneas atravesado horizontalmente por una línea más gruesa también tiene copyright. Tampoco sabemos quién cojones era Filippo Marinetti ni en qué otra siniestra efe acabó derivando aquella madre del cordero llamada futurismo.

Un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia, dijo, escribió en realidad, el propio Marinetti. Un vaso de Neutrex Futura es más nutritivo que un vaso de leche, habrá mosquitos que opinen.

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