Los masones no huelen a azufre. Entrevista a Julia Rosa Álvarez y Ricardo Fernández

por Pablo Batalla Cueto

Julia Rosa Álvarez y Ricardo Fernández
Los masones no huelen a azufre, ni sacrifican pollos, ni desayunan niños crudos, ni se bañan todas las mañanas en sangre de vírgenes. Son, por lo general, hombres y mujeres (cada vez más mujeres) de una normalidad insultante. Por suerte, el hielo del tópico y del prejuicio comienza, bien que tímidamente, a resquebrajarse. El honor de miles de librepensadores incomprendidos debe el deshielo a obras serias y rigurosas como la que acaba de publicar Rosa Elvira Presmanes en Los Libros de la Catarata: La masonería femenina en España, un manojo de rescates del olvido de varias mujeres españolas destacadas en la masonería y en la lucha feminista durante el último par de centurias. Una de ellas, Rosario de Acuña, falleció en 1923 en su casa de La Providencia sin seguramente imaginarse que, varias décadas después de su deceso, su perdurable memoria llegaría a dar nombre a una logia masónica en Gijón, en el Gijón que amó y en el que, bajo un sobrio ladrillo con sus iniciales, reposan sus restos. La logia Rosario de Acuña fue fundada en 2004. El 23 de octubre celebró una tenida blanca abierta, es decir, una reunión pública de presentación, en su modesto bajo de la calle Costa Rica, en La Calzada. Está adscrita a la obediencia (confederación de logias) del Gran Oriente de Francia, que a su vez nada en una de las dos grandes corrientes en que se divide la masonería mundial: la liberal francesa, progresista, opuesta a la anglosajona, de orientación conservadora y vocación elitista. La logia Rosario de Acuña podría ser exclusivamente masculina o exclusivamente femenina, pero es mixta, tozudamente mixta. Pero esto es resumir demasiado el asunto. Para desfacer entuertos y aclarar dudas, conceptos, equívocos, mitos y leyendas, dos de los miembros de la logia Rosario de Acuña se citan conmigo en el café Dindurra a eso de las doce del 20 de noviembre. Son Julia Rosa Álvarez, mierense de Gijón de 1957, y Ricardo Fernández, gijonés de Oviedo de 1969. Julia es profesora de español; Ricardo, abogado. Julia no pide una calavera rellena de sangre fresca, sino un té verde; Ricardo no solicita al camarero una copichuela de azufre líquido, sino medio mosto. Esto es lo que me cuentan, Ricardo con su serena elocuencia y Julia con su concisión apasionada, a lo largo de dos horas que se me hacen cortas.

No tenéis cuernos, ni rabo.

Julia Rosa Álvarez- No tenemos cuernos ni rabo, ni olemos a azufre.

Imagino que tampoco estaréis en contubernio con el judaísmo y el comunismo internacionales.

Ricardo Fernández- Tampoco (risas).

Julia Rosa Álvarez- A mí no me han presentado a nadie, pero estoy dispuesta (risas).

La definición de masonería en el diccionario de la RAE es: “Asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias.” Parece una definición demasiado escueta. ¿Qué es la masonería? ¿Cuál es la definición más adecuada?

Julia Rosa- Empieza mal. Lo primero está mal: no es secreta.

Bueno, a la vista está que no…

Ricardo- Claro. Es lo primero que hay que precisar. Lo que sí que creo que hay que mantener es el concepto de “asociación”. La masonería es una asociación. Podríamos decir, de hecho, que quizás sea una de las primeras asociaciones al modo como las concebimos hoy que han existido en la historia. Bebe, o tiene su origen, en los antiguos gremios; en concreto en el gremio más fuerte en un determinado momento, que es el de los constructores. Pero no se trata tanto de que hubiera una evolución de los constructores hacia una sociedad de librepensadores, como de que se adoptó la estructura de ese gremio por algún grupo de personas que defendía una serie de valores, en un momento en que no había partidos políticos ni asociaciones tal como las conocemos hoy. Esa estructura tomada del gremio de constructores es lo que da a la masonería su seña identidad. La masonería es, fundamentalmente, una asociación en la que se defienden una serie de valores.

Julia- Yo creo que la definición del DRAE, como casi cualquier información que puedas encontrar en cualquier parte, es perversa, porque alimenta todas esas leyendas negras que venimos arrastrando: lo del rabo, lo del azufre… Esas cosas son muy difíciles de eliminar. Son muchos años, y nuestros enemigos lo hicieron muy bien. Eran especialistas en predisponer a unos contra otros, y sentían que si alguien pensaba por sí mismo, había que eliminarlo.

Pero, ¿por qué ese odio? ¿A qué se debe esa mala imagen?

J- Lo que yo pienso es que a la gente que tiene poder no le gusta que los que no lo tenemos pensemos por nosotros mismos.

R- Antes precisábamos que la masonería era una asociación con unas características muy concretas, pero desde su origen agrupa a personas con planteamientos muy distintos. La masonería no defendía una pureza dogmática religiosa, ni una pureza dogmática en lo político. Estamos hablando del siglo XVIII, y precisamente por ese adogmatismo, lo que ve el poder absolutista y religioso de entonces es un adversario. Es un adversario porque defiende, entre otras cosas, que no se persiga a una persona por el hecho de no ser católica. Voltaire, que era masón, en un momento de su vida defiende a un señor, el caballero de La Barre, que no se quita el sombrero delante de una procesión, y acaba siendo torturado, decapitado y quemado por ello. Es un ejemplo. Ese adogmatismo, esa defensa del librepensamiento, explica que ya desde el principio los libros escritos por masones como el propio Voltaire aparezcan rápidamente en el índice de libros prohibidos. Y cuando se acentúan los dogmatismos políticos –totalitarismos, fascismos, el comunismo soviético, etcétera–, éstos siguen combatiendo lo que perciben como un grupo de presión, y por lo tanto como un adversario.

J- En España, la persecución fue especialmente terrible.

Más que en ningún otro sitio, ¿no?

J- Porque en España el poder que la Iglesia Católica tenía era absoluto. La masonería se declara a favor del laicismo, y un laico es un enemigo a batir. A la Iglesia le gusta que haya laicismo en los países de credo musulmán, para ellos tener sus iglesias; pero en España, no. En España no les gusta que haya laicismo. No tienen siempre el mismo criterio. Lo cambian llamativamente.

R- Fundamentalmente, es sólo una corriente la que se persigue. Hablamos de masonería, pero realmente hay “masonerías”, en plural, y es fundamentalmente una de esas masonerías la que resulta más molesta, la que llamaríamos liberal. Liberal en el sentido de los siglos XVIII y XIX, no en el que podría dársele hoy a la palabra. Frente a esa posición se reacciona con gran virulencia, porque en España el poder religioso está presente hasta el siglo XIX. La Inquisición aquí, con excepción del período napoleónico, aguanta durante todo el reinado de Fernando VII. Es decir, tiene una existencia muy prolongada que no se ha dado en otros sitios. Y después, el período de persecución política que más nos suena, que es la dictadura franquista, aunque persecuciones ya existieran incluso con algún monarca ilustrado, la dictadura, digo, duró casi cuarenta años. En Francia la persecución duró cuatro años y fue suficiente para llevarse por delante a la mitad de los masones, pero es que aquí… La dictadura fue tremenda. Fue tremenda porque se llevó por delante a mucha gente que ni siquiera tenía nada que ver.

Se dice que Franco intentó acceder a la masonería, ¿no?

R- Sí, hay una leyenda por ahí, no sé si urbana o negra… (Risas.) Seguramente haya que cogerla con pinzas, no lo sé. Sobre masonería se escriben y se dicen muchas tonterías; ¡gente que ni siquiera tiene ni repajolera idea! Yo me quedo alucinado a veces. ¡Hacen unas mezclas…! Estuve viendo el otro día una entrevista a un supuesto experto que decía que si Zapatero era masón, porque me lo dijo uno que a su vez conocía a otro… Cosas sin ningún tipo de rigor. El caso es que ellos tienen clara una cosa: el objetivo a batir es la corriente francesa, no la anglosajona. La anglosajona no les molesta; ellos van siempre a por la francesa, y te dicen que la que más peso ha tenido históricamente es la francesa, lo cual es mentira. Históricamente, el Gran Oriente de Francia estuvo presente en España, fundamentalmente, en dos momentos. Bueno, tres: el período napoleónico, porque la masonería se convierte en el brazo político de los invasores; mediados del siglo XIX, con la industrialización, porque vienen franceses que se asientan en Barcelona y, curiosamente, en Gijón; y ahora. ¡No hay más! Pero la tienen tomada con la corriente francesa. Ahora, por ejemplo, con la reforma del código civil en Francia, con el tema del matrimonio, el Gran Oriente ha salido, y ha salido sin esperar a ninguna obediencia. Ha salido criticando a la Iglesia, diciéndole a la Iglesia: oigan, esto es el matrimonio civil; métanse en su sacramento, métanse en sus historias y dejen a la gente tranquila. Pues bien, el Gran Oriente ha hecho público un comunicado, y ese comunicado lo han sacado aquí, no recuerdo en qué medio, diciendo: los masones tal, los masones cual. ¡No! Lo que te digo: el enemigo a batir son los franceses. Toda la porquería que dejan caer es sobre los franceses. Y cuando en alguna ocasión han hecho referencia a algún comunicado, generalmente es a un comunicado nuestro.

J- Bueno, para mí despertar el odio de esa gente es un mérito más que tenemos (risas).

Libertad, igualdad y fraternidad. ¿Qué significan estos valores?

J- Son valores que vienen de Francia y significan lo mismo que han significado allí. Fraternidad, para mí, significa solidaridad, que en España se puede confundir con caridad, y es algo muy diferente.

R- Son los valores históricos que se han defendido siempre, desde un momento en que no existían y en el que no pasaban de una mera formulación teórica, hasta la actualidad, en que, aunque podríamos imaginarlos cumplidos o al menos saber qué no es libertad, o qué no es fraternidad, o qué no es igualdad, los masones seguimos manteniendo la posición de guardianes, o de defensores, o de entidad que proclama la vigencia de esos valores. No se trata de un dogma, sino de un anhelo. Aunque se pueda decir, por ejemplo, que la sociedad ya es laica, o que ya hay un régimen de libertades, nosotros decimos que no se trata de que lo haya o de que no lo haya, sino de colocarse ante todos los riesgos de esas derivas que aparecen continuamente y que pueden llevar a acabar con todo lo que conocemos. Nosotros pretendemos ocupar una posición de defensa. Esto yo creo que hay que matizarlo en el sentido de que ya no somos “el guardián”. No somos ese “gendarme republicano”, ese garante de la República del que hablan en Francia. Ya no hay una posición, afortunadamente, de exclusividad. En otros momentos, cuando no había partidos políticos, o no había movimientos vecinales, o no había organizaciones ciudadanas, la masonería sí tenía un papel de exclusividad, que hoy ya no tiene.

J- No lo tiene, pero viendo la deriva de la sociedad, el camino hacia el que nos dirigimos peligrosamente cada día, me temo que cada vez tendremos que dejarnos oír más, o intentarlo.

¿Sigue, entonces, teniendo sentido la masonería en el siglo XXI? ¿No se han hecho ya realidad los ideales masónicos?

R- A mi modo de ver, hay que incidir una vez más en que no existe una masonería, sino varias. La etiqueta de “masonería” se le pone a todo, incluso a lo que no es masonería. Yo creo que tiene sentido una masonería comprometida con el tiempo presente, que sea capaz de manifestarse hacia el exterior. Lo que decía Julia: que sea capaz de no confundir justicia social con caridad o beneficencia. Y yo entiendo que esa masonería hoy sí tiene vigencia aunque no la tenga en exclusiva, porque la masonería tiene una manera muy propia y característica de plantear las reflexiones sobre los problemas de nuestro tiempo, de plantear los debates en las logias, de ser una fábrica de ideas, una fábrica de innovación de pensamiento. Pero eso lo hace una determinada masonería, no todas. En otras se divaga, se tiene un planteamiento más intimista, más esotérico, menos trascendente a la hora de ejercer una acción social.

J- Por ejemplo, ahora hay mucha gente en paro, hay desahuciados, hay gente que no tiene nada que comer. Y nosotros nos estamos involucrando en el tema participando en el banco de alimentos, ofreciendo ayuda en material escolar…

Pero todo eso también podría hacerlo una oenegé, ¿no?

J- Claro que podría hacerlo, pero nosotros tenemos ese matiz que Ricardo dice, de debatir ideas, de enriquecernos con las aportaciones de los demás… Una oenegé tiene una labor específica; nosotros, no. Nuestra actividad podría ser desde, qué se yo, el asilo a algún refugiado si se diera el caso, hasta… No nos dedicamos específicamente a un tema. Depende de las necesidades de la sociedad en cada momento.

R- Digamos que el matiz, con independencia de que en un determinado momento se pueda desarrollar una acción inmediata y concreta, es el debate intelectual, el desarrollo intelectual de respuestas o de preguntas que surgen ante la realidad que tenemos hoy. Es lo que la masonería ha hecho desde el principio de su existencia. Desde el principio de su existencia la masonería se ha ocupado de cuestiones como la esclavitud. Aunque ha habido masones que en un determinado momento han defendido la esclavitud: el caso de Voltaire, por ejemplo. Voltaire hace una aportación enorme al pensamiento occidental, sobre todo en lo referente al ideal laico, pero por otro lado es esclavista; sin embargo, en otro determinado momento, Victor Schoelcher, que también es masón, es uno de los grandes teóricos del abolicionismo en Europa. La cuestión es que todos esos temas, todas esas cuestiones que van surgiendo en las logias, son objeto de una reflexión. Estaríamos hablando de una fábrica de pensamiento, de una construcción de pensamiento. ¿Qué sucede hoy en día? Pues desde luego existe una crisis de valores, aunque no nos lo parezca. Yo entiendo que la aportación que la masonería puede hacer es una reflexión, que después lleve a cada uno de nosotros a intentar llevarla a la práctica. Está claro que no todo debe quedar en una mera teoría. ¿Se puede hacer en una oenegé, o en una asociación de otro tipo? Probablemente. Lo que nos caracteriza a nosotros es el método que seguimos. Tenemos unas reuniones muy pautadas en las que el objeto fundamental es escuchar posiciones distintas. No se trata de ganar un debate, ni de imponer nuestra razón, sino de escuchar todas las posiciones. Que todas las posiciones puedan escucharse, de tal manera que cada persona elabore su pensamiento a partir de ahí. A lo mejor uno sale más convencido de la idea preconcebida que tenía acerca de un problema, pero a lo mejor la modifica, o la perfecciona, o la pule.

J- De hecho, eso sucede muchísimo: alguien expone un tema con un criterio, y después intervienen diferentes personas exponiendo puntos de vista diferentes. Y, a veces, la misma persona que expuso el tema acaba convencida, cambia su pensamiento de algún modo, incluso radicalmente.

Desde luego, no hay dogmas en la masonería, ¿no?

J- Ninguno. No podemos aceptar dogmas sin planteárnoslos o cuestionarlos.

R- Insisto: en la masonería no, sino en esta determinada masonería.

Explicadnos un poco la diferencia entre las dos corrientes.

J- Las dos, tres, cuatro, cinco…

R- Hablamos de masonerías porque, aunque todos provengamos de un tronco común, que podríamos encontrar más o menos a principios del siglo XVIII, la evolución posterior ha sido muy diferente. Hubo divergencias en cuanto a la incorporación de la mujer, por ejemplo, pero la discusión fundamental es en torno al tema religioso, ya desde el siglo XVIII. En el siglo XIX se produce el cisma definitivo entre las dos ramas: la liberal y la anglosajona. Hay una corriente que defiende la obligatoriedad de la invocación al Gran Arquitecto del Universo y de la presencia de una Biblia, porque es el uso tradicional de la masonería; y hay otra corriente, que es a la que pertenece nuestra logia, que defiende la libertad de conciencia y que no es una cuestión a tener en cuenta el credo o el no credo de cada miembro. Nuestra corriente suprime la invocación al Gran Arquitecto del Universo, el contenido deísta y las biblias. Surgen dos corrientes claramente diferenciadas. Aunque luego las relaciones personales puedan ser muy buenas, y haya personas que sean parte de la corriente anglosajona que tengan una visión muy progresista de las cosas, la realidad es que hay dos corrientes. Una que es claramente deísta, y otra que claramente no lo es. Por eso siempre hago el matiz: no todo es lo mismo.

J- A veces se dan situaciones verdaderamente cómicas. A ti te han llegado a preguntar si hacíamos sacrificios con pollos, ¿no?

R- Bueno, la corriente anglosajona no me parece que haga sacrificios tampoco… (Risas.)

J- Me refiero a la desinformación. Hay gente que puede tener conceptos alucinantes.

R- Sí; a veces te puedes encontrar con cosas realmente asombrosas. Nosotros recibimos en una ocasión, en la página web, la solicitud de alguien que quería entrar en nuestra logia porque creía que nosotros teníamos acceso a no sé qué piedras mágicas de color negro que daban una serie de poderes. Claro, yo le contesté que no trabajábamos esta materia… (Risas.) Y, bueno, hace poco nos escribió un señor al que le iba lo egipcio y que también quería entrar en la logia. Era un señor en cuyo perfil en Facebook aparecía completamente rapado, ¡y daba miedo! Se había configurado una imagen a lo egipcio: se había afeitado las cejas, se había afeitado la cabeza… Hay cosas sorprendentes.

J- Por el desconocimiento, y el ocultismo, y toda esa imagen de tantos años…

Resulta curioso cuando esas leyendas negras no se utilizan para desacreditaros sino para todo lo contrario, para “quiero ser un satánico malvado como vosotros”, ¿no? (Risas.)

R- Claro, el problema es que hay a quien seduce eso, el reverso tenebroso. Pero aquí yo creo que hay otro tema interesante. Yo creo que también ha contribuido a todo esto la posición de una buena parte de la masonería. El retorno del exilio ha sido muy complicado. Volver a asentarse ha sido muy difícil. Rápidamente nos surgen “expertos en masonería” por todas partes… Realmente, la masonería no deja de ser una asociación con los problemas de cualquier asociación, pero es una asociación en la que se ha roto la continuidad temporal. En el caso de Francia la continuidad temporal es casi ininterrumpida: doscientos o doscientos cincuenta años, en algún caso. Pero aquí eso no lo tenemos. Partes de cero y partes con gente que dice “monto una logia”. Pero claro, ¡es como si mi abuela monta una logia en el salón de su casa! Muchas veces, detrás de eso no hay nada o hay gente que se entretiene en un contenido esotérico, convirtiendo los ritos, que no son más que una pauta de trabajo, llena de metáforas, en casi una adoración de los rituales sin ningún contenido científico ni ningún fundamento histórico. ¡No hacen otra cosa! Y entonces uno se pregunta: y esto, ¿para qué? Hemos visto últimamente a muchos masones, por ejemplo, aparecer en actos públicos cubiertos de collares, sin venir a cuento. ¡Hasta el portero de la logia, casi! O haciendo ostentación de los títulos… Los títulos son una cosa muy de andar por casa, muy interna, una simple herencia histórica. No viene a cuento. Todo eso ayuda a alimentar esa imagen fantasmagórica. Yo pienso, por ejemplo, en Ramón y Cajal, que era masón, o en Clara Campoamor, y me pregunto qué pintarían ahí.

Siempre me han llamado mucho la atención los símbolos. ¿Qué significan? ¿Cuál es su utilidad?

R- Los símbolos se recogen de un determinado gremio, el de los constructores, y pretenden ser una representación visual de un valor o una idea. Ésa es su utilidad. La característica principal de la masonería es reflexionar sobre valores, sobre ideas, elaborar un pensamiento crítico; y toma como referencia inmediata unos determinados símbolos. Se apoya en esos símbolos para reflexionar. Es decir: no tienen por objeto ser adorados, o ser sacralizados, ni tampoco ser dogmatizados. El objeto nunca puede ser compacto; un objeto no significa esto y te lo tienes que aprender de memoria. Yo puedo decir que el compás representa una determinada idea, que la escuadra representa otra determinada idea…

J- Son metáforas.

R- Sí. Tú las interpretas como te da la gana. No es, digamos, una nueva religión. No se pretende sustituir el crucifijo ni nada por el estilo. No tiene nada que ver.

J- Son metáforas, metáforas que te ayudan a pensar en algo.

R- Esto podría enlazarse también con el rito. El rito para nosotros no es un elemento sagrado. Nosotros tenemos una manera de organizar las reuniones muy concisa; la misma que se seguía cuando se organizó la masonería en el siglo XVIII. Y esa mecánica, esa repetición casi automática y machacona de todas las pautas que rigen una reunión, es lo que llamamos ritos. Esos ritos, a su vez, incorporan muchas leyendas vinculadas a la Biblia, porque era la referencia que tenían en aquella época; leyendas en las que en su momento aquellas personas intentaron deslizar valores, camuflar un pensamiento ideológico. Pretendían representar la lealtad, el valor del trabajo, el voluntarismo… Hay una serie de matices sobre los que podríamos estar hablando muchísimo tiempo. Tú dices: menudo teatro, ¿no? Y sí, efectivamente, hay un componente de psicodrama en ese rito, pero, detrás de todo eso, lo que hay es la filtración de una serie de valores que en su día no tenían más cabida o más campo de transmisión que lo religioso. Y ésa es, por otro lado, una de las causas de que la religión reaccionara con tanta virulencia. Se les metía alguien en un terreno que era suyo.

J- El rito es muy lento, y a mi modo de ver eso es muy útil, especialmente para personas viscerales como yo. Hace que los pensamientos que uno tiene se vayan colocando en su sitio. Dicen que tenemos dos orejas porque hay que escuchar el doble que lo que hablamos, y quizás esa lentitud pueda contribuir a eso: a un ambiente sosegado, de reflexión.

¿Qué hay de los saludos secretos?

R- Pues enlaza con lo que te decía antes. Eso forma parte de un patrimonio histórico. Cada gremio tenía su propia manera de reconocerse. Y como la masonería, cuando se organiza, recoge el cuerpo externo del gremio de los constructores, incorpora una serie de elementos visuales entre los cuales están los saludos. Pero tú hoy no vas por la calle haciendo esos saludos. Eso queda para las películas; forma parte de cierto patrimonio histórico visual.

¿Qué se hace en una logia?

R- Uhm… Venga, vamos a explicarte un orden del día de nuestra logia.

J- Tenemos dos tenidas al mes, que quiere decir dos reuniones, dos asambleas.

R- Empieza la reunión. En la reunión, normalmente, hay una cuestión filosófica que desarrolla una persona. Expone alguien.

¿Alguien que ha preparado esa cuestión con antelación?

R- Exactamente. Se recurre a un símbolo a partir del cual esa persona ofrece una interpretación o una reflexión en torno a un valor determinado. No es un tema que se debata, aunque cada cual sí que puede intervenir haciendo una pequeña aportación. Esa es la parte más, digamos, filosófica. Después, en muchas ocasiones, alguien trae una cuestión de actualidad. Por ejemplo, podría ser lo que está sucediendo ahora en Gaza, o las muñeiras del concejal de Cultura de aquí. Puede ser cualquier cosa. Un tema cotidiano.

¿Suele haber disensión, o generalmente estáis de acuerdo en los temas?

R- No, no; puede haber disensión perfectamente.

J- De hecho, generalmente la hay.

R- Sí. No la hay en el sentido de tirarnos los trastos a la cabeza, pero la hay. ¡Es que se trata de eso! Se trata de que haya disensión. Pero se trata de que haya posiciones diferentes, no de que choquen esas posiciones. Si chocan, algo falla.

J- Claro. No es un debate para “ver quién gana”. No es como uno de esos debates electorales de la tele. Aquí de lo que se trata es de qué aprendes del debate; de cómo te enriquece el debate, de qué sacas en limpio. No usas la palabra para lanzarle una piedra a quien opina distinto a ti, sino que lo escuchas pensando que tal vez tenga aspectos en los que tú nunca habías pensado.

R- O a lo mejor te lo explica tan mal que sales convencidísimo.

J- ¡Claro! No es un debate para imponer, o para convencer, sino para aprender.

R- Bien. Seguimos. Después de esas dos cuestiones que se suelen plantear, otras veces tenemos otros temas más extensos, de historia, o de una cuestión de actualidad más general. No hay un tema predefinido. Hemos tratado, qué se yo, desde el origen de nuestra propia entidad, o la presencia de la masonería en Gijón en el siglo XX, hasta, no sé, hablar de la familia, de la experiencia familiar personal de cada uno, de cuestiones más ligadas al plano sentimental de cada uno. El abanico no está restringido; es suficientemente amplio como para poder compartir cualquier cosa.

J- También hay proposiciones. Hay una parte de la reunión en la que cualquiera puede hacer proposiciones que luego se van a debatir, o no.

El orden del día de cada tenida, ¿se decide en la anterior tenida?

R- No. Tenemos un reglamento que especifica cuáles son los puntos a tratar. Respecto a lo que se va a exponer, el presidente procura rotar entre todos y proponerle a alguien que el próximo día exponga algo relacionado con una cuestión de actualidad. La que quiera. El tema lo escoge la persona. Por otro lado, nuestra asamblea, donde se reúnen todas las logias del Gran Oriente de Francia, decide tocar todos los años cinco temas: la paridad, la paz en el mundo, política internacional, cuestiones de filosofía… Y se encarga a los talleres que elaboren algún tipo de síntesis sobre esos temas. Ése es el único caso en el que los temas pueden estar prefijados, pero es el resultado de un acuerdo de todas las logias. Todos los años se edita un libro con el trabajo de las logias, con las reflexiones.

J- Ése es el aspecto interno. Después está la parte externa: muchas veces vienen invitados de fuera, que vienen a darnos una conferencia. No es una conferencia como la del otro día, que era abierta al público, sino que es para nosotros, pero el conferenciante no es masón.

R- La reunión que hacemos nosotros habitualmente, dos veces al mes, es la tenida ordinaria. Tenida blanca es aquélla en la que participa alguien que no es masón. Tenida blanca abierta si el público no es masón, pero el orador sí lo es; y tenida blanca cerrada, a la inversa, si el público es masón pero el orador no lo es.

Ricardo Fernández

¿Son frecuentes estas tenidas blancas?

R- Procuramos que lo sean. Con las blancas abiertas empezamos este año; la del otro día ha sido la primera. Pero blancas cerradas sí ha habido alguna más. En diciembre haremos la tercera.

J- También tenemos actividades fuera de la logia. Tenemos, por ejemplo, cada primer sábado de mayo, el homenaje a Rosario de Acuña, coincidiendo con la fecha de su muerte. Antes lo hacíamos en el cementerio, en su tumba, pero hace ya unos años que decidimos comenzar a hacerlo delante de la que fue su casa, en La Providencia. Este último año vino al homenaje una logia francesa, de Pau, con la que estamos hermanados. Otra actividad que desarrollamos son los debates ciudadanos, en los que se trae a alguien. La última fue la transexualid… No, el laicismo.

R- El laicismo en la Constitución española fue el último, sí.

J- Sí. Vinieron dos catedráticos de Oviedo. Otro año fue la transexualidad: vino una mujer transexual francesa, masona.

R- La primera mujer miembro de la masonería en Francia.

J- Otro año, sobre la eutanasia. Vino el doctor Montes. Son debates ciudadanos, abiertos al público en general. Tuvimos también un festival de cine. Este año lo vamos a tener también; será sobre inmigración. Y bueno, no es que venga muchísima gente, pero poco a poco la gente va conociéndonos y sabiendo quiénes somos. Vamos quitándonos la imagen de mataniños, o chupagrasas… ¿Cómo era aquello?

R- ¡Sacamantecas! (Risas.)

J- ¡Eso, ja, ja! Bueno, tenemos estas cosas fuera. Los debates ciudadanos, el festival de cine, el homenaje a Rosaraio de Acuña… No sólo trabajamos en el taller.

R- A lo larago de los años también hemos hecho homenajes a las víctimas de la represión…

J- Ah, sí, también. Y a los caídos en campos de concentración. Siempre va una representación de la logia.

¿A Alemania?

J- No, no, aquí en Gijón, al monolito que hay cerca de la casa de Rosario de Acuña. Algún año lo hemos hecho incluso el mismo día. Homenajes a gente republicana…

¿Se puede ser, por ejemplo, creyente y monárquico, y ser masón?

J- ¡Claro! En la logia tenemos hasta gente del PP.

R- Sí, sí se puede. La única incompatibilidad es con aquellas organizaciones cuyo objetivo sea la confrontación con la masonería o que promuevan de alguna forma el odio contra el ser humano por razones de género, de ideología, de credo, de orientación sexual… Ahí sí que hay una incompatibilidad total y absoluta.

J- Y bueno, todos somos más o menos laicistas, pero también se puede ser creyente y ser masón, claro.

R- Bueno, es que se puede ser creyente y ser laicista. No tiene nada que ver.

J- Exactamente. ¡Es que sería lo ideal! Pero sí, tenemos. Y tenemos monárquicos.

R- En Francia, en el Gran Oriente, hay la tradición de, al finalizar las tenidas, gritar: “¡Viva la República!” Pero claro, el matiz es muy diferente al de aquí, y yo creo que el hecho de que la defensa de nuestra República la asumiera la izquierda acabó arruinándola, porque ahora la República es un valor de la izquierda, no algo que aglutine a todos, por lo que la defensa del republicanismo es algo comprometido y difícil. Pero nosotros aquí, en su momento, en la logia, decidimos finalizar las tenidas gritando: “¡Viva la democracia!”, intentando recoger el espíritu que hay detrás de la exclamación francesa y traerlo aquí. Pero es que ya se nos va colando el “¡Viva la República!” (risas)… Con independencia de estas anécdotas, no: no se exige que la persona sea republicana.

J- No hay pensamiento único.

R- Cuando se plantea la petición de entrada, a los efectos de saber quién hace esa petición, tenemos tres entrevistas con la persona, para conocerla. Tampoco es cuestión de andar cotilleando, pero sí que se le hacen al solicitante una serie de preguntas sobre cómo concibe él el mundo, la realidad, etcétera. Pero el republicanismo no es una exigencia. Bien es cierto que nuestro espectro, por decirlo de alguna manera, común, sí que es de personas orientadas más bien hacia la izquierda, y republicanos en su mayoría, pero no es una condición sine qua non. Me estoy acordando de que una vez nos pidió la entrada un cura (risas). Un cura de T****. Yo nunca tuve claro para qué nos pedía la entrada. Hubo un momento, además, en que me dijo que estaba muy apurado económicamente, y en que me preguntó si yo conocía a alguien a quien pudiera venderle una serie de cosas que él tenía, cálices y así. Yo me quedé un poco así… Era chileno. Yo le hice la primera entrevista, y bueno, la pregunta sobre 1973 fue inevitable. Su padre era capitán de la Armada, así que ya os podéis imaginar (risas). Nunca más supimos de él. Supe que era cura porque el tipo mandó un correo y yo puse el nombre en Internet. Encontré un teléfono. Llamo, ring, ring, ring, y me contestan: “Casa pastoral, dígame.” (Risas.)

J- Hay otra cosa que a mí me pasa mucho con mis alumnos extranjeros: que creen que la masonería es un centro en el que se reúne gente muy poderosa, que movemos los hilos de la política y la economía. Cuando digo que soy masona, que es algo de lo que no hago ostentación ni pancarta pero tampoco oculto, siempre me preguntan qué tipo de negocios hacemos ahí (risas).

R- Bueno, es que hay una imagen pero hay una realidad también. Hay una base.

J- Sí, es cierto. En Brasil, por ejemplo, uno entra a la masonería para hacer negocios.

R- Sí. Volvemos a lo de las masonerías, en plural. Es que hay determinados países donde la masonería es anglosajona y algo absolutamente elitista. Nosotros estamos en la Europa continental, en la masonería liberal. Y tú vas a Francia y te encuentras con que François Hollande va a la sede del Gran Oriente y el tío expone su programa electoral allí con toda la normalidad. ¡Está en YouTube! No es una red de negocios. Grandes masones de la historia han sido anarquistas o socialistas, o han mantenido, incluso, posiciones conservadoras, y han pactado y han participado activamente. Pero no van allí a intercambiarse los cromos financieros, no. Sin embargo, vas a otros países y te encuentras con un panorama completamente diferente. A mí me ha pasado, el año pasado o el anterior, que me viene una persona a través de otra, de nacionalidad de un país latinoamericano, a hacer una consulta, a mi despacho. La recibo, y durante la entrevista abre su carpeta para enseñarme unos papeles, y curiosamente lo primero que se le desparrama sobre la mesa es un diploma de Maestro. Lo recogió con la discreción justa para que yo lo viera. Esta manera de trabajar, aparte de que yo creo que es terrible en cuanto a negativa, me parece absurda.

¿Cuál es el proceso para entrar en la logia?

R- Es sencillo. Se formaliza una petición, que puede ser una petición de entrada porque tengas muy claro todo lo que contamos en la página web, pero siempre recomendamos que haya una entrevista previa, para explicarle a la persona con todo tipo de detalles lo que le interese. Después de eso, una vez que se pasa esta primera entrevista donde es el solicitante el que pregunta, nosotros hacemos tres más, con personas diferentes encargadas por el presidente de la logia. Intentamos conocer un poco el perfil ideológico, de pensamiento, de esa persona, desde el ámbito social hasta cuestiones un poco más trascendentes: lo que piensa de la vida, o de la muerte… Eso se plasma por escrito y se lleva a la logia. A la persona se la invita a venir a la logia y se la somete al interrogatorio de todos. Después se vota. Se hace una votación, bastante célebre por las películas, con bolas negras y blancas, y la persona pasa por la ceremonia de iniciación. Antes hablábamos del rito: el proceso viene todo marcado por una pauta muy clara que lleva haciéndose igual, con pequeñas variaciones, desde hace siglos.

¿Cuál es la situación actual de la masonería en Gijón, en Asturias y en España?

R- Empezamos por Gijón. En Gijón, ahora mismo, la situación no es mala. Están representadas todas las corrientes. Hay tres logias y un triángulo. Triángulo es, por así decir, el germen de una logia, la fase de la vida de una logia en la que aún no hay un grupo suficientemente grande de personas. Si se va incorporando más gente, el triángulo se transforma en logia. Cada organización tiene su propio número de miembros necesarios, por lo que no podemos hacer una regla, pero bueno: al primer grupito es a lo que llamamos triángulo. Y como te decía, en Gijón están representadas todas las corrientes. Está representada la corriente anglosajona, que tiene un taller: la logia Jovellanos. Tenemos la corriente liberal femenina, con la logia Estrella del Norte. El triángulo es la Augusto Barcia, que recoge el nombre de un político republicano asturiano, de Vegadeo. Después estamos nosotros, en la corriente liberal mixta, y yo creo que en Gijón no hay más. Bueno, hay un triángulo… O no sé si triángulo, no sé en qué estado está, que se adscribe a lo que se llama masonería cristiana…

¿¡Masonería cristiana!?

R- Sí. Es una deriva que se produce en el siglo XIX. Es una mezcla muy rara, pero… Bueno, yo me llevo bien con todo el mundo y no me quiero meter en jardines (risas). Ésa es la situación en Gijón. En Asturias, aparte de otro taller que hay en Oviedo ya no hay más presencia activa. Ahora ha aparecido una cosa de los Andes Ecuatoriales, y digo cosa porque se creó el año pasado, que teóricamente tiene la sede en Asturias, pero está detrás una persona que… Bueno, mejor me callo (risas). En Asturias está todo concentrado entre Gijón y Oviedo, y muy especialmente en Gijón. Y luego, a nivel nacional, tenemos reproducido el mapa que te he comentado para Asturias: hay la corriente anglosajona, que es de momento la mayoritaria y está extendida por la zona sur y el Mediterráneo. Es la mayoritaria porque tiene fuerza en esos lugares donde hay una enorme presencia de inmigración británica, no porque haya elementos autóctonos. Luego tienes la corriente femenina, tienes una específicamente mixta pero que trabaja el rito escocés; y luego tienes el Gran Oriente de Francia. Digamos que el panorama dista mucho de ser el que puedas encontrar en otras partes, porque el retorno ha sido muy complicado y porque se ha empezado absolutamente de cero. Es una situación sensiblemente mejor que la de hace años, pero todavía queda mucho por hacer.

¿Cuál es la situación actual de las mujeres en la masonería? ¿En qué punto se halla el debate sobre su inclusión?

R- Depende de la corriente. La anglosajona, ni se lo plantea. Hay una interpretación de unas reglas que se otorgan a principios del siglo XVIII, en las que se dice que en la masonería no pueden entrar ni mujeres, ni esclavos, ni personas tullidas. ¿Por qué? Porque no son libres, porque no son personas que tengan capacidad por sí solas. La mujer depende del padre, depende del hermano o depende del marido. Existe un régimen de exclusión social y la mujer está condenada a vivir en la miseria. La masonería es una organización que empieza siendo elitista. Ahora bien, dentro del elitismo, la masonería junta, por ejemplo, a nobles con plebeyos: hay que valorar su carácter progresista en base a los criterios de la época. Pero bueno, más tarde, la masonería pasa al continente. Y es curioso, porque en Europa, en Francia, el Gran Oriente de Francia, que se funda en 1773, se empieza a plantear ya al año siguiente de su fundación el tema de la inclusión de las mujeres. Y, efectivamente, empiezan a organizarse unas logias que se llaman “de adopción”, que permiten que las mujeres, estamos hablando de una masonería que en ese momento está muy ligada a la nobleza, las mujeres, digo, de los nobles puedan ser masonas. Pero no son logias independientes, sino que son siempre dependientes de una logia masculina madre. En definitiva, la masonería sigue más o menos la misma evolución que la propia sociedad. Luego… Voy a pegar un gran salto en el tiempo, ¿eh? Luego, al terminar la segunda guerra mundial, frente a una organización masculina, aparece y se organiza la masonería femenina. Entonces, claro, tratar el tema de la mujer en la masonería es un poco delicado, porque no es que no se admita a la mujer. No se la admite en la corriente anglosajona, pero a finales del siglo XIX se crea una organización exclusivamente mixta que es Derecho Humano, y después se crea una organización que es exclusivamente femenina, que es la Gran Logia Femenina de Francia. La incorporación de la mujer, en suma, se produce a través de organizaciones mixtas o a través de organizaciones exclusivamente femeninas. Y el gran debate que nos afecta a nosotros es que éramos una organización que reglamentariamente no prohibía la entrada de mujeres, pero que históricamente no tenía mujeres en su seno. En el Gran Oriente de Francia ha habido una polémica durante muchísimo tiempo, ha habido un debate abierto durante prácticamente un siglo, aunque fuera con períodos de escasa actividad intercalados. El debate cobró envergadura especialmente a partir de 2005 ó 2006. Y, al final, lo que se decidió fue que, como no había nada que impidiera en el reglamento la entrada de mujeres, no había ningún sentido en mantener esa duda.

J- Ricardo peleó mucho. Fue un proceso muy pesado, muy largo, muy burocrático…

R- De hecho, ganamos por muy poco. ¡No contábamos ganar! Hubo una vez que contábamos ganar y nos llevamos tal paliza… ¡Nos llevaron por delante! Casi se vota la masculinidad oficial de la obediencia, que siempre había perdido y además había perdido por un montón de votos. Lo que pasó fue que la gente estaba tan harta del tema, de discutir todos los años lo mismo, que al final hubo un voto de rebote, de cabreo: ¡Pues ahora, masculinos! Y al año siguiente volvimos a plantear el tema y pensamos: no lo sacamos ni de coña. Y no sé qué pasó que, por diez votos, estamos hablando de casi mil doscientos votos en total, salió.

J- Hubo la historia de Olivia Chaumont…

R- Sí. Olivia Chaumont había sido Venerable en su logia. Y era un masón, un hombre. Pero se cambió de sexo, la República le reconoció el género femenino, la recogió como mujer a todos los efectos, modificó el nombre, modificó todo… Y lo primero que hizo fue irse al Gran Oriente a solicitar, vamos a decirlo mal, ser miembra del Gran Oriente de Francia. Y claro, tuvieron que reconocerla y hubo una ruptura.

J- Ella dice que metió el caballo de Troya en la organización.

R- Yo siempre me apoyé mucho en el plano legal. Siempre sostuve que nuestra posición era ilegal en España. Que es mentira, pero yo siempre lo sostuve (risas). Hasta llegué a pedir un dictamen al ministerio de Igualdad. Igualdad tardó en contestarme, y es que tuvo un dilema serio. Pensaron: si a este pollo le decimos que la no admisión de mujeres es ilegal, nos cargamos la masonería femenina. Entonces vamos a decirle que bueno, que claro, y que bueno. Y fue lo que me contestaron: que bueno, que claro, y que bueno. Y yo aquello lo tengo todavía, pero lo guardé sin decirle nada a nadie (risas). Seguí defendiendo lo mismo y hubo una vez que casi lo logramos. Faltaron cuatro votos, y no salió. Más tarde, cuando salió, no nos lo esperábamos. Fue el 2 de septiembre de 2010. Fue una de las mayores alegrías de mi vida. De mi experiencia masónica, desde luego, la mejor; y no creo que vuelva a tener otra parecida.

J- Nuestra logia fue la primera de España, del Gran Oriente, que tuvo mujeres.

¿Se han incorporado muchas mujeres al Gran Oriente desde entonces?

J- Poco a poco van haciéndolo.

R- El cambio es aún reciente, del 2010. Pero sí que se ha producido una incorporación bastante notable. La mujer tiene una participación menor en la masonería: no llega al 20% a nivel global en las estadísticas que se han hecho. Hay un desequilibrio importante. Sin embargo, en nuestro caso, a pesar de lo reciente del cambio, se han incorporado en poco más de un año y medio unas mil mujeres. Habrá que ver cómo evoluciona el proceso en el futuro, pero los que se ocupan de las estadísticas en la obediencia dicen que el crecimiento está bastante bien. Hay que ponerlo en relación con la incorporación de la mujer en general, pero no va mal. Y aquí en Asturias, nosotros no vamos nada mal en ese tema tampoco.

Sois la única logia del Gran Oriente de Francia que lleva el nombre de una mujer, ¿no?

R- Sí. En su momento se escogió adrede porque en la constitución teníamos muy clara la reivindicación. No hacemos, tampoco, gala de “mixtidad”; para nosotros la mixtidad entra dentro de la normalidad más absoluta, y lo que procuramos es referirnos a que admitimos personas sin ningún tipo de traba. Normalizar lo que en realidad es normal.

J- Yo sí (risas). Yo sí hago gala e hincapié, porque estuve muchos años en lista de espera.

R- También hay que decir que no es que antes no admitiéramos mujeres, ojo. En la masonería la incorporación de la mujer se hacía de la manera que te comentaba antes, mediante las logias de adopción y las femeninas. Estábamos en la misma situación que una obediencia femenina, que no admite hombres. Pero nadie se plantea tumbar la obediencia femenina. Sin embargo, la obediencia masculina sí recibía críticas. Y además, esto formaba parte de las piquillas entre obediencias. Es realmente complicado explicarlo.

¿Por qué Rosario de Acuña? ¿Por qué escogisteis ese nombre?

R- Pues… Hubo un primer proyecto de logia Rosario de Acuña en Oviedo, el año 96 ó 97. No cuajó, porque además dependía de una obediencia muy pequeñita, escindida de la Gran Logia Simbólica Española… Bueno, aquello no cuajó. Pero cuando hacia el año 99 ó 2000 nos planteamos un nuevo proyecto, esta vez con el Gran Oriente de Francia, que ya veíamos que era una obediencia con cierta magnitud, con trescientos años de historia, por una parte decidimos recuperar aquel nombre, pero también utilizarlo para reivindicar nuestra forma de pensar respecto a cómo debería ser la incorporación de la mujer a la masonería. Y aparte, claro, está la figura humana de Rosario de Acuña. Siempre decimos que si esta mujer hubiera nacido francesa, se harían películas de ella como se hacen de [la famosa masona y anarquista francesa, figura clave de la Comuna de París] Louise Michel. Pero Rosario de Acuña era de Pinto, vino a morirse aquí y a trabajar aquí, y no tuvo ese éxito mediático. Pero digamos que recurrimos a ella también por la referencia intelectual. Luego supimos que no había logias con nombre de mujer en el Gran Oriente de Francia. Las hay con los nombres más diversos que te puedas imaginar: La Internacional… Te puedes encontrar de todo, pero curiosamente no había esta reivindicación. Y bueno, nos pareció importante lo que ella había aportado. Y no tanto al feminismo como a la defensa del laicismo las clases más humildes, a pesar de no estar muy identificada con ningún partido concreto. Creo que era el ejemplo a seguir.

¿Qué significa para vosotros, en vuestra vida, ser masones?

J- Para mí, significa reunirme con un grupo de gente que va a escucharme, que yo sé que va a escucharme aunque no estén de acuerdo conmigo. Que sé que no van a ridiculizarme, ni a ultrajarme, ni a insultarme por diferente que piense a ellos, sino que van a escucharme. Y dentro de ellos puedo crecer muchísimo, porque todos somos diferentes, cada uno pensamos y opinamos diferente, y cuando uno está solamente en un lugar y escuchando a los que son idénticos a él, el peligro de ser sectario es muy grande. Creo que estar ahí es un antídoto para no ser sectario, y para escuchar, para crecer y para ser mejor persona en todos los sentidos de la vida. Puedo aportar algo y puedo aprender mucho, que me ayudará a aportar algo más.

R- Mi manera de verlo ha sido siempre la de ser en cierto modo un combatiente por determinados valores en los que creo. Yo tengo una visión de la masonería en la que la masonería tiene que ser un punto de apoyo para la pelea que uno hace cotidianamente en los actos más sencillos por una sociedad diferente. Para mí, la masonería no es tanto un ariete como un sostén, un apoyo.

¿Cuál es vuestra historia personal? ¿Cómo y por qué os hicisteis masones? ¿Qué os llamó a ingresar en la masonería?

J- Yo, por pura casualidad. Había oído hablar de los masones, de la conspiración… Y, como era algo que la dictadura odiaba, para mí ya tenía cierto atractivo, pero nunca me había acercado. Lo descubrí por o gracias a Rosario de Acuña, porque me gusta mucho Rosario de Acuña. Empecé a leerla, no sé por qué, ni cuándo cayó en mis manos, pero fue un personaje del que me enamoré completamente. Me gusta muchísimo su vida, la obra… No entiendo lo que Ricardo decía: que no se hagan películas sobre esta mujer, que no conozcamos las obras que hizo, su literatura, sus obras de teatro… Que fuera la primera mujer invitada al Ateneo de Madrid, que tuviera amistad con Pérez Galdós y con tanta gente importante, ¡y que no la conozcamos!

Igual que Clara Campoamor, Carmen de Burgos…

J- ¡Exactamente! Son mujeres que están ocultas, escondidas. Pues bien, yo descubrí un día a esta mujer, leí todo lo que puede leerse de ella y, de repente, un día, buscando cosas en Internet sobre Rosario de Acuña, descubrí que había en Gijón una cosa que se llamaba logia Rosario de Acuña. Y entonces, yo, que estaba enamorada de esta mujer, descubrí que había gente, masones, que la reivindicaban. ¡Masones, de estos raros que a mí me generaban simpatía! Empecé a buscar quiénes eran y descubrí el blog de Ricardo. Empecé a meterles mucha caña por el tema de la incorporación de las mujeres, que entonces no permitían. Tuvimos una pequeña guerra. Yo machaqué mucho a Ricardo (risas). El pobre era el que estaba en ese momento defendiendo la presencia de la mujer, pero para mí era el masón con cara. Después, por circunstancias de la vida, nos conocimos a un nivel más personal, porque coincidí con un aspecto profesional de él. Y él me reconoció, me dijo: “¡Hombre, tú eres la que va al cementerio, al homenaje de Rosario de Acuña!” Habíamos coincidido allí. Y así empecé. Llegué a la logia por Rosario de Acuña. Por la obra de Rosario de Acuña. Ella era masona. También me llamó la atención eso; que estos hombres hubieran escogido su nombre. Si la habían elegido, ya tenían mucho ganado para mí. No se llamaba logia Duquesa de Alba, ni logia Francisco Franco..

R- ¡Ja, ja, ja, ja! Hombre, por muy masculina que sea, Francisco Franco… (risas)

J- Bueno, para mí tuvo ya ese punto de curiosidad, y empecé a ir a sus actos, a todo lo que organizaban. Y así fui conociéndolos.

R- Yo llegué un poco antes que ella. Llegué en el año 94. Pero mi interés era anterior, del año 90… 89 ó 90. Empecé a interesarme por la masonería por la implicación que había de la masonería en el republicanismo, o del republicanismo en la masonería. Y en septiembre de 1991 coincidió que hubo una exposición en Gijón con material procedente del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, en la casa natal de Jovellanos.

Yo estudié en Salamanca; visité hace poco la reproducción de una logia que tienen allí.

R- ¡Es que ese material era de Gijón! Pues bueno, me acerqué allí y coincidió que estaba el jefe de estudios del instituto Jovellanos, donde yo estudiaba, que me presentó al director del Instituto Juan Gil Albert, me regalaron el catálogo… Catálogo que ya no tengo, porque acabó en Villaviciosa, no voy a decir en casa de quién (risas, mira cómplice a Julia)…

J- En las logias, como en todas partes, hay conflictos y envidias…

R- Claro, un mundo perfecto no es. Nosotros tenemos muy claro cómo ha de ser, pero a veces no es así.

J- Pero bueno, hubo mal ambiente pero ya no lo hay, ¿eh? Ahora estamos en un momento dulce.

R- Bueno, el caso es que aquel hombre me puso en contacto con alguien de París con quien después conservé la amistad. Y coincidió que, apenas unos días después, me iba de ERASMUS a Francia. Guardé el contacto en París. Yo nunca había estado en París; me fui con un compañero del piso. Nos fuimos en tren hasta allí; yo aproveché para escaparme, dejando a mi amigo en el cementerio del Père Lachaise, y me fui a ver a este señor. Este señor me hizo una especie de aplomación exprés, me hizo una carta de recomendación que aún conservo…

J- Una aplomación es una entrevista. Antes de entrar, tienes que pasar por ella.

R- Sí. Eso. El contacto lo tuve en Francia y fue donde me empezaron a orientar. Lo que pasa es que después se me acabó la beca, me vine para acá y al venirme para acá lo que me encontré fue un grupo muy incipiente, nada parecido a una logia, ni a una obediencia. Y bueno, aquello acabó fatal. Pero, curiosamente, por mal que acabara, aquello fue el germen de todos los proyectos que hubo después. En todos los proyectos que se han intentado hacer después ha habido gente de aquella primera logia. Hasta llegar a la logia Rosario de Acuña. La logia se creó formalmente en el 2004. Y seguimos ahí.

¿Os habéis leído La masonería femenina en España? ¿Qué os ha parecido?

J- Yo no. Tú sí, ¿no?

R- Sí. Le dediqué un comentario en mi blog. Yo lo veo bien en el sentido de que empiece a aparecer en España literatura sobre masonería un poco seria. Nuestro problema es que lo que hay hasta ahora es, en general, o bien malas traducciones, o bien un filosofismo mal entendido que emplea un lenguaje inasequible que complica mucho la difusión del pensamiento masónico. Trabajar sobre nuestra historia, que realmente es muy rica, y sobre el peso que han tenido muchas personas en la historia de nuestra comunidad y de nuestro país, me parece digno de alabanza. El libro me ha gustado. Explica, precisamente, cómo ha sido el proceso de incorporación de la mujer no sólo a la masonería femenina estrictamente, sino a la masonería en general; y me ha gustado el repaso histórico que la autora ha hecho, a través de biografías de mujeres que han aportado muchísimo a la defensa de esos tres valores fundamentales: la libertad, la igualdad y la fraternidad. La implicación, poniendo la cara y arriesgándolo todo, de todas esas mujeres, fue enorme. Todas se jugaron mucho; algunas, muchísimo.

Me pareció fascinante la historia, que no conocía, de Hildegart Rodríguez. Me quedé absolutamente anonadado.

R- Fíjate, el primer encuentro que tuve yo con Hildegart fue en las memorias de Santiago Carrillo. ¡Carrillo la conoció! Es una historia tremenda, cómo a Hildegart la moldea la madre y la propia madre la mata…

Ya para acabar, me gustaría que nos recomendaseis una película, un disco, un libro y, si os gusta el cómic, un tebeo.

Julia- Pues mira, Mi hija Hildegart, la película. Hay una película. Es muy fuerte, bestial, ¿eh? Ahora que lo dijiste la recordé, y aquella película me impresionó. Me impresionó hasta el punto de casi no poder dormir esa noche. Y respecto a los libros, si pueden ser cinco en vez de uno, las obras completas de Rosario de Acuña, de José Bolado. O, al menos, los artículos de Rosario de Acuña. De los cinco libros, uno es de artículos: recomiendo ése, especialmente. Los artículos de la Revista del Noroeste, por ejemplo. Son muy actuales: podrían aparecer en cualquier periódico de hoy. Bueno, y el teatro. Hay obras que no te puedes ni imaginar lo vigentes que siguen siendo hoy. Nadie se atreve hoy a llevarlas, pero sería impactante. Vendrían los de Intereconomía a quemar el teatro (risas). Padre Juan…

Ricardo- Libro, yo quiero recomendar uno que leí hace tiempo y me impresionó mucho, que se llama El barón rampante, de Italo Calvino. Se desarrolla en el siglo XVIII y es sobre una persona, un noble que se hace masón, que por empecinamiento acaba viviendo en los árboles. Es una historia muy bonita, sobre la importancia de la persistencia en lo que uno cree. Entonces me sentí muy identificado (risas). Película, yo me quedo con El Padrino (risas).

J- Se me olvidaba la música. Yo recomiendo aquello de Serrat de… ¿Cómo era? “Entre esos tipos y yo hay algo personal”, creo. Es una canción de Serrat que dice eso: entre esos tipos y yo hay algo personal. Recomiendo ésa porque entre esos tipos y yo también hay algo personal.

R- Yo recomiendo cualquier cosa del Renacimiento.

¿Y tebeo? ¿Os gusta el cómic?

J- A mí, no.

R- A mí me gusta mucho, sí. Recomiendo Maus…. Sí, podría ser Maus. Aunque hay uno que… Me gusta mucho [Jacques] Tardi. Recomiendo El grito del pueblo, o Puta guerra. Es un monográfico que le dedica a la primera guerra mundial. Tardi.

Julia Rosa Álvarez

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