L’aspra lliçó

por Pablo Batalla Cueto

Pues yo creo que al camarada Mas le ha salido bien la jugada. El órdago. Que el universo mundo le indica y hace mofa y befa de su aparente descalabro, pero que más sentido, más seny, tendría que fuera él quien, hozando en el barro de pega que parece pero sólo parece ahogarle, se riera de nosotros; de todos.

El descalabro no ha sido tal. Para empezar, Mas, esto es incontestable, ha ganado las elecciones por aplastante mayoría. Recorda sempre això, Sepharad, oigo a Salvador Espriu advertir desde las profundidades del cementerio de Sinera. Mas se arrellana —Aposentat al cim dels escons contemplo el mar dels altres, podría parafrasear a Martí i Pol— sobre la cima de cincuenta escaños que son veintinueve más que los que ha obtenido su inmediato perseguidor. Seguirá siendo presidente cuatro años más. Teniendo en cuenta que el angelico convergente guarda bajo la alfombra cuatribarrada las tijeras más grandes y afiladas de toda Sepharad, cabría pensar que, de no haber convocado estas erecciones anticipadas, y de haber continuado su ambicioso programa de terrorismo socioeconómico, su esperanza de vida política no habría ido más allá de los dos años. Que de las elecciones de 2014 hubiese salido descalabrado con un descalabro mucho mayor que cincuenta relucientes asientos en el Parlament. Se ha, pues, adelantado inteligentemente a los acontecimientos. Dos años no son nada; cuatro ya son algo: quién sabe on anirà la pedra de la crisis entonces; quién sabe si el viento económico en contra no se habrá transformado ya en viento a favor (Veles e vents han mos desigs complir), y de 2016 no saldrá Mas no con cincuenta sino con sesenta o setenta escaños. Esas cosas pasan. Negrín lo sabía en 1938 y quería prolongar lo más posible la Guerra Civil Española, para enlazarla con la más que previsible Segunda Guerra Mundial y esperar de los Aliados la invasión antifascista que mandase a Franco a paseo. A Negrín no le salió bien el estiramiento de la cosa; tal vez a Mas sí.

Hay otra cosa. Entre los grandes beneficiarios de la movida hay otra activísima banda terrorista: el PP de Alicia Sánchez-Camacho. A ellos, a diferencia del banderísticamente tibio PSC, también les interesaba sacar las identidades a pasear. A ellos también les interesaba encontrar una enorme alfombra-bandera bajo la que esconder el saco de cabezas guillotinadas y cadáveres desahuciados. Como por el materialismo histórico uno sabe que la economía y sólo la economía es el basamento de absolutamente todo y las banderas nada más que cortinas de humo superestructurales, y como piensa mal y acertarás, y como dos y dos son cuatro, no es descabellado pensar que el PP conocía de antemano las intenciones de Mas, y aprobó la pantomima.

Yo también voy a lanzar un órdago. CiU y el PPC pactarán. Mas hará el paripé de «haber entendido el mensaje de las urnas» y agachará la testuz nacionalista de ayer por la tarde; el PPC hará el paripé de ser magnánimo y estar dispuesto a recibir con los brazos abiertos al amigote pródigo. Se cogerán, Mas y Sánchez-Camacho, Sánchez-Camacho y Mas, del brazo y marcharán, resueltos y felices, hacia un peliculero horizonte naranja, mientras el resto de la grey cataláunica discute a puñetazos si España sí o si España no sobre el ring y con los guantes suministrados por los propios tortolitos que se alejan.

Aprèn l’aspra lliçó, me vuelve a susurrar al oído Salvador Espriu. La banca siempre gana.

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