El ojo derecho de Federico

por Pablo Batalla Cueto

Hay injusticias que sí y hay injusticias que no, oigan. Según y cómo. Con la propensión natural a arrimar la sardina a cualquier ascua izquierdoide que brille en el horizonte hay que tener cuidado: no es oro todo lo que reluce, ni ascua todo lo que crepita. Analizar contextos y raíces, implicaciones profundas, etcétera. Antes de subirse alegremente al carrito de Gordillo hay que circunscribir, descomponer, contrastar, diseccionar, deliberar, enjuiciar, cohonestar el carrito. Crítica, autocrítica y crítica de la crítica. Tesis, antítesis y síntesis. De dónde venimos, y a dónde queremos ir. Y después ya sí, subirse, si cuadra. Pero no antes.

Federico II da Montefeltro era tuerto del ojo derecho, pero, ¿quién podría sospecharlo no conociendo de él más que el retrato de riguroso perfil izquierdo que le hiciera Piero della Francesca? ¿Hemos visto y diseccionado a Gordillo y a su carrito de frente, de perfil, desde arriba, desde abajo, en picado y en contrapicado, cenitalmente y genitalmente, en perspectiva caballera y en perspectiva isométrica? ¿Estamos razonablemente seguros de que Gordillo no es tuerto? ¡Ah!

Ojo izquierdo: a una profesora de Almería la despidieron flagrantemente de su trabajo por casarse por lo civil con un hombre divorciado. ¡Indignación, protesta, los derechos laborales, la Constitución, la carta de Estrasburgo!

Ojo derecho: la despedida es profesora de religión católica, o sea, vocera voluntaria y consciente del mensaje, del pensamiento, de los valores y de los balidos, los mandamientos y los prohibimientos, los sermones y los silencios de la secta que le contrata y le paga. Uno de los ítemes de los delirantes estatutos sheldoncooperianos de la secta que le contrata y le paga es ése que dice que la flor de una damisela sólo la puede deshojar un caballero si la damisela y el caballero se unen en sagrado matrimonio. Resurrección Galera incumplió tal precepto y la secta que le contrata y le paga decidió, en consecuencia, enseñarle la puerta.

La basca es muy de religiones a la carta, claro. Pedir la hamburguesa con tomate sin tomate, si no le importa, que es que el tomate me da como repeluses; y pedir el catolicismo sin divorcio con divorcio, porque yo soy católica, apostólica y romana, y me mola lo de ir al cielo después de espicharla a untar Filadelfia de nube en rebanadas de pan de ala de arcángel, pero en la parte de que a una le digan a quién puede o no puede abrirle los cortinajes de la alcoba estoy más bien en contra de Su Infalible Santidad.

Yo sé que Dios me quiere, y tal. Pues bien, que Dios le devuelva el empleo, pero conmigo que no cuente. Le digo lo que Camilo José Cela, en su día, a la Santina de Covadonga: que se joda.

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