Vítores y héroes

por Pablo Batalla Cueto

El 8 de enero de 1930 tuvo lugar en Bruselas el que tal vez sea uno de los eventos más insólitos que hayan ocurrido jamás en la capital belga. Tuvo lugar a las puertas de la Estación del Norte, adonde, aquella tarde, una ruidosa masa de decenas de miles de bruselenses acudió entusiasmada a recibir a un compatriota, o, mejor dicho, dos compatriotas que regresaban en tren a la ciudad después de un largo y accidentado viaje por la Unión Soviética. Eran un hombre joven y un perro, y su fama tan reciente como la crónica de sus peripecias rusas, que los habitantes de Bruselas habían ido siguiendo con avidez semana a semana, a través de las entregas publicadas por Le Petit Vingtième, suplemento infantil del diario conservador Le Vingtième Siècle. El joven era un reportero llamado Tintín; el perro, un vivaz fox terrier de color blanco llamado Milú, y ni el uno ni el otro existían en realidad. Eran personajes de ficción, recién nacidos de la cabeza y de la pluma de un joven historietista apodado Hergé. El recibimiento en la estación de tren fue, en cambio, real: la masa de bruselenses enfervorecidos existió de verdad, y la llegada de Tintín de su periplo soviético también. Le Petit Vingtième contrató a un joven actor para hacerse pasar por el ya popular reportero del mechón rebelde, y lo paseó en un elegante coche descapotable por las calles de Bruselas, entre los vítores y las pancartas con mensajes de admiración de la concurrencia, perfectamente consciente de estar aclamando a una falsificación por unas hazañas inexistentes. Le Petit Vingtième publicó al día siguiente un completo reportaje sobre el acontecimiento, encabezado por el siguiente titular: «Tintín y Milú fueron vitoreados como príncipes»

La historia, algunas veces, bajo su superficie monolíticamente lineal, oculta enrevesados pasadizos secretos entre estancias aparentemente separadas. Ayer, La Nueva España abría su portada con, entre otros, el siguiente titular: «Cazorla, aclamado como un héroe en su Llanera natal». Lo acompaña una fotografía de Santi Cazorla, centrocampista del Málaga y de la Selección española, paseándose, tal como aquel falso Tintín, en un descapotable por entre los entusiasmados habitantes de su pueblo, Lugo de Llanera, tras su regreso, fascinante coincidencia, del mismo país de los soviets que Tintín visitara en 1930. Este héroe sin par contribuyó al triunfo europeo de la Selección disputando diecisiete de los quinientos cuarenta minutos que duró el torneo, y ha recibido, además de los calurosos parabienes de sus vecinos, unos 300.000€ de prima como premio a tamaña gesta.

A José Agustín Nieva, en cambio… Aunque, claro, usted no sabe quién puñetas es José Agustín Nieva.

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