Discurso para festejar la salida de las tropas españolas de Iraq, 20 de mayo de 2004

por Pablo Batalla Cueto

Y aquí está el último de mis tres discursos como militante comunista. Éste fue escrito para festejar la salida de las tropas españolas de Iraq en 2004.

© Eneko

Ésta será la última ocasión en que nos reunamos en esta plaza. Y lo será porque hemos ganado una difícil batalla: gracias a nuestros gritos, gracias a nuestros puños siempre levantados al vent, gracias al esfuerzo conjunto de millones de compañeros, las tropas espñaolas ya no campan a sus anchas por la vieja Mesopotamia. Ya no serán españolas las balas que se disparen entre el Tigris y el Éufrates. Ya no se apellidarán López o González los que usurpen la legítima soberanía del pueblo iraquí. Y debemos estar contentos y orgullosos de que esto se haya conseguido con nuestra contribución. Pero, al fin y al cabo, ¿qué hemos conseguido? Hemos conseguido que haya mil soldados menos en Iraq. Pero quedan muchos, muchos ejércitos imperialistas que siguen campando por sus respetos en un país nominalmente liberado. “Ellos me protegen de ti; de ellos, ¿quién me va a proteger?”, dice una bonita canción de Ismael Serrano. Nada mejor para expresar lo que quiero decir. Saddam Hussein, el gaseador de kurdos, ya no duerme en el palacio de Tikrit. Pero ello no ha significado más libertad para los iraquíes. Las humillaciones, las vejaciones, siguen siendo moneda corriente por esos lugares. Así pues, la retirada de las tropas españolas es una buena victoria, pero no la victoria máxima y final. O, en términos ciclistas, una meta volante de las muchas que hay en una etapa, y una etapa de las muchas que hay en una vuelta ciclista. Os invito, pues, a plantearos cuál va a ser nuestra próxima meta volante. Hay muchas donde elegir…

En Palestina, ayer mismo, el ejército israelí cargó contra una manifestación pacífica, cobrándose decenas de muertos y demostrando una vez más que el Holocausto nazi se olvidó demasiado rápido, y ahora la presa se ha convertido en un cazador sangriento e implacable. Por mucho menos se bombardeó Iraq. ¿Cuántas resoluciones de la ONU incumple Israel? ¿En qué se diferencia el genocidio del pueblo kurdo del del palestino? ¿Es democracia disolver a golpe de metralla una manifestación pacífica? Lo de ayer, que los norirlandeses denominarían Bloody Wednesday (Miércoles Sangriento), y que recuerda con mucho a aquella fría tarde de enero de 1972 en la que el Ejército Británico de su Graciosa Majestad ametralló otra manifestación que discurrÌa en paz por las calles de Derry, debería instarnos a todos a gritar en la oronda faz de Ariel Sharon que cada palestino muerto hace descender un centímetro más la espada de Damocles que pende sobre su cabeza, y que algún día los cineastas harán pelÌculas sobre los horrores de Shabra y Shatila igual que hoy las hacen en los barracones de Auschwitz o Mauthausen. Hagamos, pues, de Palestina, nuestra primera meta volante.

Pasemos ahora a otra meta volante. ¿Qué os dicen las palabras “preso político”? Probablemente os traiga a la mente al abuelo, al hermano, al padre demacrándose en las cárceles, en los zulos en los que el franquismo hacinaba a aquellos malhechores cuyo terrible delito había sido edificar una República adelantada en décadas a su tiempo. Los “presos polÌticos” parecen ser patrimonio exclusivo de las dictaduras fascistas del pasado, pero hoy, en el marco de este fantástico Estado del Bienestar, también se priva de su libertad a gente cuyo único delito es oponerse a la reacción y el capitalismo depredador y luchar contra el terrorismo de las grandes empresas. Me refiero a “los Cinco”, cinco luchadores por la libertad que se marchitan en los penales de Estados Unidos por infiltrarse en organizaciones terroristas con el objetivo de desbaratarlas. Sorprendente, ¿verdad? ¡Una sociedad que alaba el esfuerzo de Antonio Salas por infiltrarse en organizaciones neonazis y enviar al “talego” a los líderes de Ultrassur encarcela a cinco luchadores contra el terrorismo! Ah, es que son cubanos. Todo se explica. En el Imperio Yanqui, paraíso de las libertades, es más delito haber nacido en Pinar del Río que montar en el dólar a Augusto Pinochet (¿os acordáis de Henry Kissinger?). La libertad de estos cinco compañeros y el ajusticiamiento de criminales de guerra que aún hoy calientan los mullidos asientos del Despacho Oval (si esas paredes hablaran…) o del Capitolio será, pues, otra de nuestras metas volantes.

Aprovechando que el sábado se casan la infanta Felipe y nuestra bienamada compatriota Letizia Ortiz, os propongo como última meta volante seguir soñando: seguir soñando con un día en que el morado, símbolo de lucha comunera y de la Castilla campesina y revolucionaria, ondee de igual a igual con el rojo y el amarillo en las astas de los edificios donde hoy cuelga el estandarte de la monarquÌa reaccionaria que usurpa nuestro dinero para financiar el real casamiento. Y no sólo sñoar, sino copar las calles que hace setenta años llenasen nuestros mayores, sedientos de la libertad que Primo de Rivera y Alfonso XIII les habían negado.

Os invito, en fin, a que vosotros mismos penséis en nuevas metas volantes. Quizá nosotros no, y probablemente tampoco nuestros hijos, pero estoy seguro de que nuestros nietos vivirán para entrar triunfalmente y recordando nuestros puños al vent en los Campos Elíseos de éste nuestro particular Tour de Francia. Compañeros, ¡VIVA LA REPÚBLICA! ¡VIVA PALESTINA! ¡VIVA CUBA SOCIALISTA! ¡VIVA LA RESISTENCIA DEL PUEBLO IRAQUÍ!

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